https://www.forbes.com.mx – Los proyectos de infraestructura serán uno de los grandes detonadores del crecimiento, al igual que nuevas inversiones en sectores como el turístico, salud, agroindustria, minería e inmobiliario.

“Brasil está saliendo de su crisis económica y eso arrastrará a Latinoamérica en 2018”, me comentaba recientemente un alto ejecutivo de un despacho de abogados de la región. El que el gigante latinoamericano muestre signos de recuperación sin lugar a dudas es un buen síntoma para la región, pero no es el único país con buenas perspectivas para el siguiente año.

Colombia saldrá, prevén organismos como la Cepal, del estancamiento económico en que ha estado los últimos años; Perú, cuando algunos creyeron que había llegado a su límite de crecimiento, se mantendrá en la senda del crecimiento, y Argentina, después de las pasadas elecciones, vuelve a prometer tiempos mejores. Para estos países se estima un creciendo de 2.6%, 3.5% y 2.7%, respectivamente.

En Centroamérica y el Caribe la situación también pinta bien. El crecimiento previsto en 2018 para Costa Rica es de 4%, Guatemala, 3.5%; Honduras, 3.7%; Nicaragua, 4.5%; Panamá, 5.4%, y República Dominicana, 5.1%.

Los impulsores del crecimiento en la región son variados. Los proyectos de infraestructura serán uno de los grandes detonadores del crecimiento, al igual que nuevas inversiones en sectores como el turístico, salud, agroindustria, minería e inmobiliario.

Un dato alentador es que se estima que el buen momento económico de la región en 2018 traerá como consecuencia transacciones cercanas a los 110,000 millones de dólares en fusiones y adquisiciones, esto es 63% más de lo previsto para 2017.

La perspectiva es que el comportamiento esperado de la economía latinoamericana se traduzca en el hecho de que empresas globales y multilatinas inicien una compra masiva de operaciones en diferentes mercados de la región, aprovechando la esperada ola de crecimiento. Esta situación se podría extender hasta 2019, coinciden especialistas en fusiones..

Del otro lado de la moneda, los factores que pueden hacer que estas buenas expectativas para la región se descarrilen son tres: una política economía estadounidense que limite las importaciones, sobre todo de commodities de la región, así como componentes de valor agregado, sobre todo de México (esto dependerá de los resultados de la negociación del NAFTA); los procesos electorales que se llevarán a cabo en países como Costa Rica, El Salvador, Colombia, Paraguay, México y Brasil, y con ello el reacomodo de izquierdas y derechas en las administraciones públicas, y un posible reacomodo de bloques comerciales y militares a nivel global, ante la redefinición de un nuevo mapa del poder.

Por supuesto la violencia creciente en varios países de la región es uno de los grandes temas a resolver, aunque hasta el momento esto no ha sido un factor que parezca pesar en las decisiones de inversión para 2018.

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