Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL 

En febrero de 2022 el conflicto entre Rusia y Ucrania agudizó las presiones inflacionarias que ya se observaban desde 2021, lo que condujo a un endurecimiento de las políticas monetarias tanto en las economías avanzadas como en varias economías en desarrollo. Esto sumado a los efectos de la política de “COVID cero” en China condujo a que las perspectivas de crecimiento mundial fueran ajustadas continuamente a la baja, y en octubre la Organización Mundial del Comercio (OMC) rebajó su proyección para 2022 a un aumento del 3,5% y para 2023 a uno de apenas el 1%.

Múltiples crisis debilitan el comercio mundial y regional

Latinoamérica no es ajena al difícil contexto económico mundial y respecto al comercio internacional, el valor de las exportaciones regionales de bienes y servicios creció en el primer semestre de 2022 a una tasa interanual del 23,5%, levemente inferior a la expansión del 26,8% registrada en el primer semestre de 2021. En casi todos los países de la región se registró un crecimiento del valor de las exportaciones de bienes en el primer semestre de 2022, exceptuando a Paraguay. Respecto a las importaciones únicamente Haití y Paraguay reportaron un decrecimiento.

Para 2022, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta un crecimiento del 20% del valor de las exportaciones regionales de bienes, impulsado por un alza del 14% de los precios y una expansión del 6% del volumen exportado. En el caso de las importaciones, se proyecta un alza de su valor del 24%., y los mayores aumentos serán en Trinidad y Tobago, Venezuela, Colombia, Guyana, Ecuador y Bolivia, debido a que son países exportadores netos de hidrocarburos que se han beneficiado del alza de sus precios durante 2022.

El conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania junto a la desaceleración de la economía mundial tendrán un efecto negativo en los términos de intercambio de la región. Se proyecta que estos caigan en 2022, como resultado de un alza de los precios de sus exportaciones de bienes menor que el aumento de los precios de sus importaciones. Para el conjunto de la región, se proyecta un saldo comercial deficitario de 58.000 millones de dólares en 2022, es decir, 45.000 millones de dólares más que en 2021.

En suma, las exportaciones regionales de bienes tendrán en 2022 su segundo año de crecimiento a tasas de dos dígitos. Sin embargo, al igual que en 2021, la expansión de los envíos estará impulsada principalmente por factores exógenos, no por la capacidad de aumentar el volumen exportado ni de diversificar la oferta exportadora regional hacia nuevos sectores dinámicos e intensivos en conocimiento. Cabe notar asimismo que por segundo año consecutivo las importaciones regionales de bienes crecerán más que las exportaciones, situación poco deseable en un contexto de encarecimiento del financiamiento externo.

En 2022 el comercio intrarregional crecerá más que las exportaciones totales de la región. No obstante, esta recuperación no alcanza a compensar los efectos de una tendencia declinante iniciada a mediados de la década de 2010 y que se profundizó en 2020 como consecuencia de la pandemia COVID-19.  El debilitamiento del comercio intrarregional en los últimos años dificulta avanzar hacia una recuperación inclusiva y transformadora. En un contexto mundial en el que las principales potencias económicas están buscando avanzar en sus propios procesos de regionalización comercial y productiva, resulta indispensable reimpulsar el proyecto de la integración económica regional.

Panorama del desempeño exportador de manufacturas de América Latina y el Caribe, 1990-2021

Entre 1995 y 2021, el valor de las exportaciones regionales de manufacturas (incluidas aquellas basadas en recursos naturales) se quintuplicó, al pasar de 155.000 millones de dólares a 790.000 millones de dólares. Durante ese período, la participación regional en las exportaciones mundiales de manufacturas osciló entre un mínimo del 3,8% en 1995 y un máximo del 5,1% en 2001, y se situó en un 5% en 2021.  En el período 2000-2021, la participación de las manufacturas en el valor de las exportaciones totales de bienes de la región fluctuó entre el 62% y el 75%.  En promedio, México representó el 57% de los envíos totales de manufacturas de la región entre 2019 y 2021, seguido del Brasil, Chile y la Argentina.

En el trienio 2000-2002, el principal sector exportador de manufacturas de la región era el de maquinarias y aparatos eléctricos, con casi un cuarto de los envíos totales, seguido de los sectores automotor y de química y farmacia. En contraste, en el trienio 2019-2021 el sector automotor se ubicó en el primer lugar con el 20% de las exportaciones regionales de manufacturas, seguido del de maquinarias y aparatos eléctricos. El sector de alimentos, bebidas y tabaco pasó a ocupar el tercer lugar.

La región solo exhibe superávits comerciales significativos en dos sectores manufactureros: el de alimentos, bebidas y tabaco y el automotor. En el extremo opuesto, se destacan por su magnitud y su incremento en las últimas dos décadas los déficits comerciales que presenta la región en los sectores de química y farmacia, maquinaria y aparatos eléctricos, y maquinaria y equipo no eléctrico. En este contexto, la pandemia de COVID-19 y el conflicto en Ucrania han evidenciado la alta dependencia regional del abastecimiento externo de productos manufactureros estratégicos como medicamentos, dispositivos médicos y fertilizantes.

Las exportaciones automotrices de la región se triplicaron en los últimos 20 años, al pasar de un promedio cercano a los 45.000 millones de dólares anuales en el trienio 2000-2002 a poco más de 142.000 millones de dólares anuales en el período 2019-2021. Entre ambos trienios, México fortaleció su liderazgo exportador en la región, posicionándose además como el quinto principal exportador mundial.

Las exportaciones regionales de alimentos, bebidas y tabaco han sido las más dinámicas entre todos los sectores manufactureros en los últimos 20 años: su valor se multiplicó casi por 5 y el superávit regional se multiplicó por 7. Brasil, México y la Argentina representan en conjunto dos tercios de las exportaciones regionales. En 2021, esos países ocuparon los puestos 9, 16 y 23, respectivamente, entre los principales exportadores mundiales del sector.

Las crecientes tensiones geopolíticas, los avances tecnológicos vinculados con la cuarta revolución industrial y la necesidad de reducir la huella de carbono del transporte de carga parecen converger hacia un escenario de acortamiento o regionalización de las redes internacionales de producción, en el que las empresas multinacionales buscan reducir su exposición a perturbaciones del suministro y acercarse a sus principales mercados de consumo

La calidad de las infraestructuras digital, logística y de servicios de apoyo a la industria, así como las capacidades nacionales en materia de investigación, desarrollo e innovación, son factores determinantes de la competitividad exportadora en el sector de las manufacturas. Tal es el caso también de las políticas orientadas a aumentar la sostenibilidad ambiental de las exportaciones industriales de la región, particularmente de aquellas basadas en el procesamiento de recursos naturales, que en los próximos años se verán sometidas a crecientes requisitos regulatorios en ese sentido en la Unión Europea y otros mercados de países avanzados.

Las disrupciones en las cadenas marítimas de suministro: impactos y perspectivas

Las cadenas marítimas de suministro, que movilizan el 80% del volumen del comercio mundial de bienes y el 70% de su valor, sufrieron profundas disrupciones desde el inicio de la pandemia de COVID-19 en 2020. Son cuatro los factores principales que han generado cuellos de botella en dichas cadenas: i) los cierres masivos de actividades para evitar el contagio, que mantuvieron a la fuerza laboral apartada de la producción de bienes y la provisión de servicios (incluidos los servicios portuarios y logísticos); ii) la mayor congestión en los puertos; iii) la limitada disponibilidad de contenedores, y iv) la elevada concentración de la industria naviera.

Las medidas operativas adoptadas por las navieras durante el primer tramo de la pandemia, especialmente las cancelaciones de paradas (blank sailings), han tenido un impacto significativo en la pérdida de confiabilidad de los itinerarios marítimos. Las disrupciones en el transporte marítimo desencadenaron problemas en el eslabón terrestre, como la falta de choferes para el transporte de la carga por camión y de trabajadores para completar los turnos en los puertos. Esta situación provocó mayor congestión y enlenteció aún más la cadena de suministro, mientras que el aumento del comercio electrónico en el contexto de la pandemia presionó aún más la demanda. A inicios de 2022, cuando parecía que las cadenas de suministro comenzaban a estabilizarse, el conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania generó nuevas presiones.

Uno de los principales efectos de las perturbaciones en las cadenas mundiales de suministro ha sido el notorio incremento del precio de los fletes marítimos. Después de haber registrado un crecimiento acentuado desde mediados de 2020, en los últimos meses se ha vislumbrado una tendencia a la estabilización de los fletes en las rutas entre Asia y los Estados Unidos, pero no en la mayoría de las rutas con origen o destino en América Latina.

El incremento histórico de los fletes marítimos se reflejó en ganancias extraordinarias para las navieras, en particular para las empresas líderes, lo que facilitó el proceso de integración vertical de estas compañías por medio de adquisiciones o inversiones, con lo que ampliaron su cobertura y diversificaron sus servicios

Existe una persistente brecha de infraestructura económica en América Latina y el Caribe, que se ha exacerbado producto de la crisis sanitaria y el conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania. En este contexto, la implementación de asociaciones entre los sectores público y privado puede contribuir a mejorar la infraestructura que necesita la región y avanzar hacia el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los ODS.

Ante el actual panorama, la región enfrenta un doble reto. Por una parte, es preciso remontar el rezago en la infraestructura e interconectividad, y, por la otra, se debe hacer frente a los impactos que, en la coyuntura actual, amenazan con reconfigurar la estructura del comercio internacional en términos de rutas, actores e intereses para los años por venir.

 

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